Norris saca el orgullo del campeón en Budapest
Media temporada ha tenido que pasar para que Lando Norris y McLaren sacaran a la palestra la versión que el año pasado llevó al equipo de Woking y a su piloto a volver a coronarse campeones del mundo casi dos décadas después de la última vez. Finalmente ocurrió este domingo, en Budapest, en un gran premio que lleva a pensar que la gresca entre los peces gordos del Mundial se ha recrudecido con vistas a la segunda parte del curso. El triunfo del corredor de Norris solo estuvo en condiciones de ponerlo en duda Oscar Piastri, su vecino de taller, disfrazado de El Pupas en Hungaroring, donde le salió todo mal: un toque con Carlos Sainz, que circulaba doblado, puso al australiano en una situación de lo más vulnerable ante Norris, que le superó en el segundo cambio de gomas. Por si ese directo al rostro no fuera suficiente losa, la caja de cambios del prototipo del chico de Melbourne dijo basta a 14 giros para el final, para certificar un día para olvidar.

