Carruajes de Central Park: 150 años de historia con fin en Nueva York
Desde el siglo XIX, los coches tirados por caballos han recorrido las calles de Manhattan y se han convertido en uno de los símbolos turísticos de la ciudad de Nueva York. Una ley aprobada esta semana dispone su desaparición en junio de 2028, en medio de controversias por el bienestar animal y el futuro de sus trabajadores.
Durante aproximadamente siglo y medio, los carruajes tirados por caballos han formado parte del paisaje de la ciudad. Han transportado a generaciones de visitantes, aparecido en películas y acompañado paseos románticos por Central Park. Sin embargo, esta tradición, que sobrevivió a la llegada del automóvil y a las grandes transformaciones urbanas, se encamina a desaparecer.
El Concejo Municipal de Nueva York aprobó el jueves 22 de octubre de 2026 una legislación que establece la prohibición de estos vehículos a partir de junio de 2028. La decisión, adoptada con 40 votos a favor, siete en contra y dos abstenciones, representa un cambio histórico para una actividad que ha sobrevivido a distintas épocas de la ciudad.
La medida, todavía pendiente de la firma del alcalde Zohran Mamdani según la información difundida por EFE, también contempla la suspensión de nuevas licencias y programas de transición laboral para los aproximadamente 200 trabajadores vinculados al sector.
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De medio de transporte a atractivo turístico
La historia de los carruajes neoyorquinos es anterior a su consolidación como una atracción turística. Durante el siglo XIX, cuando Manhattan experimentaba un rápido crecimiento urbano, los vehículos de tracción animal eran fundamentales para la movilidad de sus habitantes.
Antes de que los automóviles, autobuses y trenes subterráneos dominaran el transporte, los caballos desempeñaban un papel esencial en el desplazamiento de pasajeros, mercancías y servicios públicos. Las calles de Nueva York estaban ocupadas por coches privados, carruajes de alquiler, tranvías de caballos y vehículos de carga.
La inauguración de Central Park, cuyas primeras áreas se abrieron al público en 1858, ofreció un nuevo escenario para los paseos en carruaje. El parque, diseñado por Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux, fue concebido como un espacio de recreación para una ciudad cada vez más poblada e industrializada.
Sus caminos permitían disfrutar de recorridos alejados del bullicio de las calles comerciales. Los paseos en coches de caballos se integraron en la vida social de los neoyorquinos, particularmente entre quienes disponían de recursos para contratar este servicio.
En las décadas siguientes, Central Park se consolidó como uno de los principales espacios de recreación de Manhattan, mientras los carruajes se convertían en parte de su identidad visual.
La expansión del transporte mecanizado durante las primeras décadas del siglo XX transformó radicalmente la circulación en Nueva York. Los automóviles desplazaron progresivamente a los caballos como medio de transporte cotidiano y el metro, inaugurado en 1904, modificó los hábitos de movilidad de millones de personas.
Sin embargo, los carruajes no desaparecieron completamente. Su función evolucionó hasta convertirse en una actividad recreativa y turística, especialmente vinculada a Central Park y sus alrededores.
Un símbolo del Nueva York de las películas
Los carruajes también encontraron un lugar en la cultura popular. Su presencia en producciones cinematográficas y televisivas contribuyó a proyectar una imagen romántica de Nueva York, asociada a los paseos por el parque, las celebraciones y las visitas de turistas.
Películas como Home Alone 2: Lost in New York y producciones como Sex and the City ayudaron a mantener viva esa imagen de Manhattan, en la que los coches de caballos convivían con los rascacielos, los taxis amarillos y las avenidas congestionadas.
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La permanencia de esta actividad también explica su importancia económica para algunas familias. El negocio pasó de generación en generación y permitió a trabajadores inmigrantes establecer pequeñas empresas dedicadas al transporte recreativo.
Según informó CBS New York en octubre de 2026, algunas familias llevan cerca de un siglo vinculadas al sector. Francesco Riccobono, propietario de carruajes, declaró que había invertido 400,000 dólares dos años antes para ampliar el negocio familiar.
Los primeros intentos de prohibición
Aunque los carruajes habían sobrevivido a los cambios tecnológicos, las críticas por las condiciones de trabajo de los caballos comenzaron a adquirir mayor protagonismo en el debate público.
Las organizaciones defensoras de los animales cuestionaban la exposición de los equinos al tráfico, las temperaturas extremas, el ruido y las exigencias físicas de trabajar en una ciudad con intensa circulación.
- El primer proyecto legislativo para prohibir específicamente los carruajes fue presentado en 2007 por el concejal Tony Avella. Sin embargo, la iniciativa no prosperó.
Durante la administración del alcalde Bill de Blasio se impulsaron nuevos intentos de eliminar o restringir esta actividad. En 2014, el debate volvió a ocupar la agenda municipal, pero tampoco se alcanzó un acuerdo para suprimir el servicio.
Uno de los principales obstáculos fue la oposición de propietarios, conductores y sindicatos, que defendían el carácter histórico de los carruajes y advertían sobre las consecuencias económicas de su desaparición.
El conflicto se prolongó durante casi dos décadas sin que las autoridades consiguieran conciliar las demandas de protección animal con los intereses laborales.
En agosto de 2022, un caballo llamado Ryder se desplomó en una calle de Manhattan.
Las imágenes del animal tendido sobre el pavimento provocaron una fuerte reacción pública y reactivaron los cuestionamientos sobre las condiciones de los caballos utilizados en el transporte turístico.
A raíz de aquel episodio, el concejal Robert Holden promovió un proyecto conocido como la Ley de Ryder, que proponía sustituir los carruajes tradicionales por vehículos eléctricos de apariencia histórica.
La propuesta no consiguió aprobarse debido, entre otras razones, a las dificultades económicas y logísticas de la transformación. Holden presentó una nueva versión en noviembre de 2025, centrada en facilitar la transición laboral, pero tampoco avanzó.
El acontecimiento decisivo ocurrió el 17 de junio de 2026, cuando Romanch Mahajan, un turista indio de 18 años, murió después de salir despedido de un carruaje cuyo caballo se descontroló en Central Park.
El accidente impulsó una nueva ofensiva legislativa. La presidenta del Concejo Municipal, Julie Menin, anunció una audiencia pública, celebrada el 14 de julio, en la que participaron representantes de los trabajadores, autoridades municipales y organizaciones defensoras de los animales.
La iniciativa terminó convirtiéndose en la Ley de Romanch, denominada así en memoria del joven fallecido.
¿Qué ocurrirá con los caballos y sus conductores?
La legislación aprobada el 22 de octubre establece que las licencias vigentes expirarán el 31 de mayo de 2028, de manera que los carruajes dejarán de operar al día siguiente.
El Ayuntamiento deberá elaborar, antes del 1 de abril de 2027, un plan de transición para los trabajadores y propietarios, con orientación profesional, oportunidades de formación y mecanismos de acceso a nuevos empleos.
La normativa también contempla estudiar posibles compensaciones por el valor de los negocios, las licencias y los equipos, aunque no fija indemnizaciones automáticas ni cantidades específicas.
En cuanto a los animales, sus propietarios deberán certificar, a más tardar el 1 de junio de 2027, que no serán vendidos ni trasladados para sacrificio u otros destinos considerados inhumanos. Podrán conservarlos o buscar alternativas adecuadas para su retiro.
La prohibición ha sido celebrada por organizaciones como NYCLASS y la ASPCA, mientras el sindicato Transport Workers Union ha anunciado su intención de impugnarla judicialmente, al considerar insuficientes las garantías para quienes dependen económicamente de la actividad.
La dimensión del cambio también se refleja en la evolución de Central Park. Según el Concejo Municipal, el espacio recibe actualmente más de 42 millones de visitantes al año, una cifra que ilustra las transformaciones experimentadas desde sus primeros paseos en carruaje.
De concretarse la prohibición en junio de 2028, Nueva York pondrá fin a una tradición documentada desde 1858. Los carruajes habrán recorrido Central Park durante 170 años, primero como medio de transporte y después como atractivo turístico, antes de desaparecer de sus caminos.

