Europa ante la debacle trumpista
En La conjura contra América, Philip Roth imaginaba cómo podría haber sido el fascismo en Estados Unidos. En los dos últimos años no ha hecho falta mucha imaginación: Donald Trump ha dado una clase magistral de cómo dispararle a una democracia con más de dos siglos de vida en la Quinta Avenida, ante las cámaras y a plena luz del día. A pesar de todo, la democracia es tozuda, resiliente, testaruda: lejos de ser un drama con clímax, las más de las veces es una especie de rutina que aguanta, que aguarda. Y llegado el momento los votantes son capaces de propinar un buen par de bofetadas sin miramientos: es difícil minusvalorar la sonoridad del sopapo que se ha llevado el trumpismo con la mano abierta en las elecciones de medio mandato.

