junio 25, 2026

Mientras haya toldos

 Mientras haya toldos

Nos habíamos instalado debajo del toldo porque amenazaba con llover. A esas horas de la tarde, el cielo tenía un color raro y el aire pegajoso le daba un aspecto como de plastilina mezclada. En la puerta de la terraza donde siempre vamos, habían instalado unas pantallas nuevas de tamaño minicine, y pasé por encima de los cables para entrar a pedir. No encontré al camarero habitual, sino al otro, al que va y viene según la demanda, al que apenas conocemos pero que aparece por ahí como un extraño familiar. ¿Qué te pongo, Marta?, dijo entonces, guardando un vistoso silencio sobre la coma del vocativo con el que reforzó mi nombre propio. Y aunque llevaba de memoria la comanda, no supe decir cuántas eran sin alcohol o cuántos vasos quería, porque que sepan tu nombre en el bar donde has quedado para ver a tus amigas o para hacer una entrevista, o para hablar con un cliente, o para celebrar que has publicado un libro, reafirmó algo que tiene mucho que ver con lo que nos está sucediendo estos días de Mundial.

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