Sedofútbol: No aprendimos nada
Hace tiempo que la República Dominicana viene acogiendo con éxito eventos del fútbol en la región, incluso de carácter más internacional como el mundial sub-17 femenino, celebrado hace dos años.
Para FIFA y CONCACAF la ubicación privilegiada del país y la buena reputación que como anfitrión nos hemos ganado les han motivado para tenernos en cuenta como sede, y solución ideal para la materialización de sus proyectos.
Una sinergia que ha sido conveniente y que ha contribuido para la expansión del desarrollo local dentro y fuera de los marcos del deporte.
Desde la pandemia, hemos tendido la mano para que se puedan disputar partidos oficiales y amistosos a nivel de clubes y de selecciones en diferentes estadios del país, cosechando beneficios económicos y futbolísticos, amplificando la buena imagen que tenemos como destino estratégico.
Impacto de la exclusión
Lamentablemente, todo lo que concierne Haití nos quita lucidez y nos agita, al punto de perder cualquier espacio racional que podamos tener; nos pone muy ‘brutos’.
La decisión de impedir que la selección y los clubes de la nación vecina jueguen como local en nuestra tierra es un disparo que nos hacemos a nuestros propios pies, una reacción populista que perjudica a muchos dominicanos que trabajan, viven y se benefician de la organización de estos eventos.
Perdemos una gran oportunidad para seguir avanzando y, con intención o no, les damos espacio para que los agitadores y reaccionarios del momento aprovechen y sigan empujando sus discursos de odio y sus consignas nacionalistas polarizadoras, que tristemente figuran también en la agenda de los principales referentes políticos del país.
Duele, porque el principal afectado de este disparate es el fútbol nuestro, que cede impotente ante acciones que poco tienen que ver con su esencia.
El deporte, para que pueda implementarse como tal, debe estar sujeto a un orden jurídico interno que hoy, en lugar de respaldarlo, le cierra la puerta a caminos que lo puedan empujar hacia su anhelada consolidación.
Pero al final terminamos anotando este desatino en la libreta de asuntos sin resolver, comunicando decisiones que nos dejan abierta la herida para que otro tema del momento la cierre, y las gradas olviden que gran parte del problema no son ellos, sino nosotros mismos.

